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El talento en el fracaso

La primera vez que asistí a un curso sobre la ISO 9001, el profesor nos definió el término “No Conformidad” como el incumplimiento de algún requisito expresado por la propia norma ISO 9001, la documentación del sistema de gestión de la calidad o la legislación aplicable al producto o servicio.

Se trataba pues, de que en la empresa, fuéramos conscientes de nuestros incumplimientos y se fuera llevando un registro de los mismos.

Pasados pocos días desde la implantación del Sistema, nos sorprendieron las pocas incidencias que trasladábamos al respecto y quise consultarlo nuevamente con el profesor:

“No estamos en Japón” .- Me dijo .- “Aquí cuesta reconocer que se ha hecho algo mal, a pesar de que ello sirva para rectificarlo… Os tocará inculcarlo…”

En nuestra cultura se huye de los errores, se disfrazan, se ocultan. No hay nada más nuestro que “escurrir el bulto”, “escabullirse” o aquella frase de Chaplin: “Errar es humano, pero echarle la culpa a los demás es más humano todavía”

El fracaso en nuestra cultura sigue siendo un tabú, el gran enemigo, algo que ocultar. Otros países en cambio lo toman como un valor añadido. En procesos de Selección de países como Estados Unidos es habitual preguntar por los fracasos a la hora de emprender, dando por evidente, que de todo fracaso se obtiene un aprendizaje.

Mis compañeros psicólogos definen la Resiliencia como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas; y es esa capacidad de adaptación lo que debemos valorar positivamente cuando gestionamos el talento.

Los empleados con talento errarán, identificarán los problemas y ofrecerán soluciones, haciendo un uso pedagógico del fracaso y saliendo enriquecidos con el error. Caer, levantarse y volver a internarlo.

Tom Watson, quien fuera presidente de IBM, decía “si quieres tener éxito, duplica tu tasa de fracasos”… Nosotros empezaremos con aumentar las No Conformidades…

DANIEL POLO

2018-08-08T10:13:32+00:00miércoles, 8 de agosto, 2018|